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Dar esquinazo a alguien.

Con el sombrero rojo podemos decir : “Me pongo el sombrero rojo y digo que me parece que esta idea no va ha dar resultado”.... ante esta expresión no tenemos porque pedir el “¿por qué?”, pues el sombrero rojo nos protege de esta pregunta: ¡Es nuestra opinión! El sombrero rojo cubre dos amplios tipos de sentimiento. En primer lugar, las emociones comunes, que varían desde las fuertes, tales como el miedo y disgusto, hasta las más sutiles como la sospecha. En segundo lugar, los juicios complejos, clasificables en tipos como presentimientos, intuiciones, sensaciones, preferencias y otros tipos no justificables de modo perceptible Hemos visto dos sombreros con características opuestas, ahora pasamos a ver otros dos también opuestos: He aquí un principio reducido a una fórmula. Todo naturalismo en la moral, esto es, toda moral sana, se rige por un instinto vital; algún requisito de la vida es cumplido mediante un determinado canon de “debes” y “no debes”, removiéndose así algunos obstáculos del camino de la vida. A la inversa, la moral antinatural, esto es, poco menos que toda moral enseñada, exaltada y predicada hasta ahora, se vuelve precisamente contra los instintos de la vida, implica un repudio, ya solapado o abierto e insolente, de estos instintos. Diciendo “Dios mira el corazón”, dice no a las apetencias más bajas y más elevadas de la vida y concibe a Dios como enemigo de la vida... El santo grato a Dios es el castrado ideal... Termina la vida donde empieza el “reino de Dios” ... Quien comprende el ultraje que supone esta sublevación contra la vida, tal como ha llegado a ser casi sacrosanta en la moral cristiana, comprende por fortuna también lo inútil, ficticio, absurdo y falaz de tal sublevación. Todo repudio de la vida de parte de los vivos se reduce, en definitiva, a síntomas de una determinada clase de vida, independientemente que este repudio esté o no justificado. Habría que estar situado fuera de la vida y, por otra parte, conocerla tan bien como cualquiera, como muchos, como todos los que la han vivido, para tener derecho a abordar siquiera el problema del valor de la vida: razones de sobra para comprender que este problema no nos es accesible. Cuando hablamos de valores hablamos bajo la inspiración, la óptica, de la vida; la vida misma nos obliga a fijar valores, valora a través de nosotros, cuando los fijamos... De lo cual se infiere que también esa moral antinatural que concibe a Dios como antítesis y repudio de la vida no es sino un juicio de valor de la vida; ¿de qué vida?, ¿de qué clase de vida? Ya he dado la respuesta: de la vida decadente, debilitada, cansada, condenada. La moral, tal como hasta ahora se la ha entendido, tal como la ha formulado por último también Schopenhauer, como “negación de la voluntad de vida”, es el instinto de la décadence que se presenta como imperativo. Dice ella: “¡Sucumbe!”; es el juicio de condenados... Pocos libros han sido leído con tanto afán; todavía ahóra se imprimen en Inglaterra todos los años muchos miles de ejemplares. Dudo de que libro alguno (excepción hecha de la Biblia) haya causado tanto estrago, acortado tantas vidas como este curiosum bien intencionado. Todo por haber confundido su autor el efecto con la causa. Ese buen italiano consideraba su dieta como la causa de su longevidad; cuando lo que pasaba era que la lentitud extraordinaria del metabolismo, el desgaste reducido, resultaba la causa de su dieta frugal. No estaba en libertad de comer poco o mucho; su frugalidad no era un “libre albedrío”; el hombre enfermaba si comía más. Mas a todo el que no es un pez de sangre fría no sólo le conviene, sino que le hace falta comer bien. El erudito de nuestro tiempo, con su rápido desgaste de energía nerviosa, se arruinaría si adoptase el régimen de Cornaro. Crede experto. ¿Qué significa la oposición: apolíneo-dionisíaco, introducida por mí en la estética, valores entendidos como tipos de la embriaguez? La embriaguez apolínea determina ante todo la excitación de la vista, así que ésta adquiere el poder de la visión. El pintor, el plástico y el épico son visionarios por excelencia. En el estado dionisíaco, en cambio, se halla excitado y exaltado todo el sistema afectivo, que descarga de una vez todos sus medios de expresión y manifiesta a un tiempo el poder de representación, reproducción, transfiguración y transmutación, toda clase de mímica e histrionismo. Lo esencial es aquí la facilidad de la metamorfosis, lá incapacidad para no reaccionar (en forma parecida al caso, de ciertos histéricos que también representan cualquier papel que se les indique). Al hombre dionisíaco le es imposible no entender sugestión alguna; no pasa por alto ninguna señal del afecto; posee en máximo grado el instinto de comprensión y adivinación, del mismo modo que posee en máximo grado el arte de la comunicación. Se mete en cualquier piel, en cualquier afecto; se transforma sin cesar. La música, tal como hoy la entendemos, también es una excitación y descarga total de los afectos, no obstante ser el residuo de un mundo de expresión mucho más pleno del afecto, un mero residuum del histrionismo dionisíaco. Con objeto de hacer posible la música como arte particular, se han paralizado un número de sentidos, en particular el sentido de lós músculos (por lo menos, relativamente, pues hasta cierto punto todo ritmo habla todavía a nuestros músculos), de suerte que el hombre ya no imita y representa directamente todo lo que siente. Sin embargo, tal es el estado dionisíaco normal, en todo caso el estado primario, la música es la especificación poco a poco alcanzada del mismo a expensas de las facultades inmediatamente afines. El actor, el mimo, el danzarín, el músico y el lírico son íntimamente afines en sus instintos y esencialmente idénticos, aunque poco a poco se hayan especializado y diferenciado entre sí, llegando incluso al extremo de la contradicción. El lírico con quien durante más tiempo estuvo identificado fue con el músico, el actor, con el danzarín. El arquitecto no representa ni un estado dionisíaco ni uno apolíneo; en él lo que tiende al arte es el gran acto volitivo, la voluntad que mueve montañas, la embriaguez de la voluntad portentosa. Siempre los hombres más poderosos han inspirado a los arquitectos; en todos los tiempos el arquitecto ha experimentado la sugestión del poder. La obra de arquitectura, la construcción, debe documentar el orgullo, el triunfo sobre la pesantez, la voluntad de poder; es la arquitectura una especie de elocuencia del poder a través de las formas, ora persuasiva, y aun insinuante, ora simplemente autoritaria. El máximo sentimiento de poder y seguridad se expresa en aquello que tiene gran estilo. El poder que ya no necesita de pruebas; que desdeña agradar; que es tardo en responder; que no sabe de testigos; que vive ajeno al hecho de posibles objeciones; que reposa en sí mismo, fatalista, ley entre leyes, habla de sí como gran estilo. He leído la biografía de Thomas Carlyle, esta farsa inconsciente e involuntaria, esta interpretación heroico-moral de estados dispépsicos. Carlyle, un hombre de palabras y actitudes enfáticas, un reto forzoso acuciado en todo momento por el anhelo de una fe ardiente y el sentimiento de no estar capacitado para ella (¡en esto, un romático típico!). El anhelo de una fe ardiente no es la prueba de una fe ardiente, sino todo lo contrario. Quien la tiene, puede permitirse el hermoso lujo del escepticismo; es lo suficientemente seguro, sólido y firme para ello. Carlyle aturde algo en sí por el fortissimo de su veneración por los hombres de la fe ardiente y por su rabia con los que no son tan ingenuos; precisa el barullo. Una constante y apasionada falta de probidad consigo mismo, he aquí su propium, aquello por lo cual es y seguirá siendo interesante. En Inglaterra, por cierto, lo admiran precisamente por su probidad... Y como esto es inglés y los ingleses son el pueblo del cant cien por cien, resulta no sólo natural, sino explicable. En el fondo, Carlyle es un ateo inglés que se precia de no serlo. El cristianismo es también antitético de toda buena humana constitución espiritual, - sólo puede utilizar como razón cristiana la razón enferma, toma partido por todo lo idiota, lanza una maldición contar el “espíritu”, contra la superbia del espíritu sano. Dado que la enfermedad forma parte de la esencia del cristianismo, también el estado de ánimo típicamente cristiano, la “fe”, tiene que ser una forma de enfermedad todos los caminos derechos, honestos, científicos del conocimiento tienen que ser rechazados por la Iglesia como caminos prohibidos. Ya la duda es un pecado... La falta completa de limpieza psicológica en el sacerdote - que se delata en su mirada - es un fenómeno consecutivo de la décadense, - obsérvese en las mujeres histéricas y por otro lado, en los niños de constitución raquítica la regularidad con que la falsedad por instinto, el placer de mentir por mentir, la incapacidad de mirar y caminar de frente son expresiones de décadence. “Fe” significa no-querer-saber lo que es verdadero. El pietista, el sacerdote de ambos sexos es falso porque está enfermo: su instinto exige que en ningún punto la verdad obtenga su derecho. “Lo que pone enfermo es bueno; lo que viene de la plenitud, de la sobreabundancia, del poder, es malvado”: ése es el modo de sentir del creyente. La no-libertad de mentira. - en eso adivino a todo teólogo predestinado. - Otro rasgo distintivo del teólogo es su incapacidad para la filología. Por filología debe entenderse aquí, en un sentido muy general, el arte de leer bien, - el poder leer hechos sin falsearlos con interpretaciones, sin perder, por afán de comprender, la precaución, la paciencia, la sutileza. Filología como ephexis en la interpretación: trátese de libros, de novedades periodísticas, de destinos o de hechos meteorológicos, - para no hablar de la “salvación del alma”... El modo como el teólogo, lo mismo en Berlín que en Roma, interpreta una “palabra de la Escritura” o un acontecimiento, una victoria del ejercito de su patria, por ejemplo, a la luz superior de los salmos de David, es siempre tan audaz, que un filólogo, al ver eso se sube por las paredes. ¡Y qué hará cuando los pietistas y otras vacas de Suabia atavían esa mísera cotidianeidad y esa habitación llena de humo que es su existencia con el “dedo de Dios”, y la trasforma en un milagro de “gracia”, de “providencia”, de “experiencia de salvación”! Un dispendio, por modestísimo que fuera, de espíritu, para no decir de decencia, tendría que hacer ver a esos interpretes, sin embargo, la infantilidad e indignidad de tal abuso de la prestidigitación divina. Si tuviéramos en el cuerpo cierta cantidad, aunque fuera muy pequeña de piedad, un Dios que nos cura a tiempo del resfriado, o que nos hace subir al coche en el preciso instante en que se desencadena el aguacero, debería ser para nosotros un Dios tan absurdo, que, aunque existiese, habría que eliminarlo. Un Dios como criado, como cartero, como calendario, - en el fondo, una palabra para designar la especie más estúpida de todas las casualidades... La “divina providencia”, tal como continúa creyendo hoy en ella aproximadamente una tercera parte de la “Alemania culta”, sería una objeción tan fuerte contra Dios, que no se la podría imaginar mayor. ¡Y en todo caso, es una objeción contra los alemanes!... Me presentan a Richard y le digo algunas palabras de veneración; se interesa por saber con mucha exactitud cómo he conocido su musica, dice cosas terribles contra todas las reperesentaciones de sus obras, excepción hecha de aquellas famosas de Munich, se mofa de los directores que dicn con blandura a la orquesta: “Señores, ahora se hace apasionato”, “ queridos, ahora un poquitín más apasinonadamente”. Wagner se divierte en imitar el dialecto de Leipzig. Ahora te contaré con brevedad lo que nos trajo consigo aquella velada: goces de un genero tan específicamente excitantes que todavía hoy no he alcanzado a recobrarme... Antes y después de la comida, Wagner ejecutó todas las partes importantes de los Maestros Cantores, imitando todas las voces y haciendo todo con gran naturalidad. Es un hombre extraordinariamente vivaz y fogoso, que habla muy rápidamente, es muy ingenioso y en compañía tan intima se torna sumamente alegre. Tuve después con él un largo coloquio sobre Schopenhauer: comprenderás que placer fue para mí oírle hablar de él con un calor absolutamente indescriptible: qué le debía, por qué era el único filósofo que había comprendido la esencia de la música; se interesó después sobre la actitud de los profesores en relación con él, y se rió mucho del congreso de filosofía de Praga, y habló de los “siervos filosóficos”. Leyó luego un episodio muy divertido de su vida de estudiante en Leipzig, en el que todavía hoy no puedo pensar sin reírme; entre otras cosas, escribe con extraordinaria soltura e ingenio. Al fin, cuando estábamos por retirarnos, me estrechó con calor la mano y me invitó muy amigablemente a visitarle para hacer música y filosofía....

Ir de candelabro.

Tercero. La función del capital dinero, ya sirva como simple medio de circulación o como medio de pago, es la de actuar exclusivamente de mediador para sustituir M por T y Mp, es decir, para sustituir el hilo, el producto en mercancías fruto del capital productivo (después de deducir la plusvalía que puede gastarse como renta) por sus elementos de producción; o sea, la de hacer revertir el valor del capital de su forma mercancía a los elementos constitutivos de ésta; por consiguiente, en último término se limita a servir de mediador para la reversión del capital–mercancías a capital productivo. Scorts en Madrid Si el tiempo de circulación fuese = 0 y, por tanto, el periodo de rotación igual al período de trabajo, el número de rotaciones sería igual al número de períodos de trabajo al cabo del año. Con un período de trabajo de cinco semanas tendríamos, pues, que 50/5 semanas = 10, y el valor del capital sujeto a la rotación, sería en este caso = 500 X 10 = 5,000. En nuestro cuadro, en que se supone un tiempo de circulación de 5 semanas, se producen al cabo del año, igualmente, mercancías por valor de 5,000 libras esterlinas, pero de ellas 1/10 = 500 libras aparecen constantemente bajo la forma de capital–mercancías, que sólo se recupera a la vuelta de 5 semanas. Al final del año, el producto del décimo periodo de trabajo (semanas de trabajo 46–50) sólo habrá recorrido su ciclo de rotación en una mitad, puesto que su tiempo de circulación coincidirá con las 5 primeras semanas del año siguiente. Escorts Costa Brava Queda resuelto de este modo el absurdo problema de si la producción capitalista (incluso considerada solamente desde este punto de vista) podría mantenerse con su desarrollo actual sin el sistema de crédito, es decir, a base de una circulación puramente metálica. No podría mantenerse, evidentemente. Tropezaría, por el contrarío, con obstáculos en el volumen de la producción de metales preciosos. Por otra parte, no hay que formarse tampoco ideas místicas acerca de la capacidad productiva del sistema de crédito, en la medida en que moviliza, o pone en circulación capital–dinero. Pero no es éste el lugar indicado para seguir des arrollando este problema. http://www.girlsbcn.com.es Por tanto, aun partiendo del supuesto de la reproducción simple, una parte de la plusvalía tiene que existir constantemente en dinero y no en productos, pues de otro modo no podría convertirse de dinero en productos para los efectos del consumo. Esta transformación de la plusvalía de su primitiva forma–mercancías en dinero debe ser investigada más a fondo aquí. Para simplificar el asunto se parte de la forma más simple del problema, a saber: de la circulación exclusiva de dinero metálico, de dinero consistente en un equivalente real. barcelonagirls

Nota. Aprovecho la ocasión que me proporciona este tratado para expresar pública y formalmente un deseo que hasta ahora he manifestado tan sólo en conversaciones ocasionales con personas doctas; a saber, que alguna Facultad de Filosofía se haga benemé­rita del fomento de los estudios de historia de la moral convocando una serie de premios académicos: –– tal vez este libro sirva para dar un fuerte impulso precisamente en esa dirección. En previsión de una posibilidad de esa especie, se propone la cuestión siguiente: ella merece la atención de los filólogos e historiadores tanto como la de los auténticos doctos en filosofía por oficio. Prostitutas en Madrid Luego, A. Smith continúa: “El primero consiste en procurarse, manufacturar o comprar bienes para venderlos con un beneficio.” A. Smith sólo nos dice, aquí, que el capital puede emplearse en la agricultura, la manufactura y el comercio. Se limita a hablar, pues, de las diversas esferas de inversión del capital, incluyendo aquellas en que, como ocurre en el comercio, el capital no se incorpora directamente al proceso de producción, es decir, no funciona como capital productivo. Con ello, se aparta ya del criterio que servía de base a los fisiócratas para explicar las diferencias que se dan dentro del capital productivo y cómo influyen sobre la rotación. Presenta directamente el capital comercial como ejemplo para ilustrar un pro­blema en que se trata exclusivamente de explicar las diferencias exis­tentes en cuanto al capital productivo dentro del proceso de produc­ción y de valorización, diferencias que, a su vez, engendran otras en lo tocante a su rotación y reproducción. valencia Chicas La confusión originada por Adam Smith ha conducido a los siguientes resultados: relax Este proceso de conjunto encierra tanto el consumo productivo (el proceso inmediato de producción) y las mutaciones de forma (los cambios, considerados en cuanto a la materia) mediante las cuales se efectúa, como el consumo individual y las mutaciones de forma o cambios que lo hacen posible. Encierra, de una parte, la inversión del capital variable en fuerza de trabajo y, por tanto, la incorporación de ésta al proceso capitalista de producción, en la que el obrero aparece como vendedor de su mercancía, de la fuerza de trabajo, y el capitalista como comprador de la misma. Y, de otra parte, en la venta de las mercancías va implícita la compra de ellas por la clase obrera y, por consiguiente, el consumo individual de ésta. Aquí la clase obrera aparece como compradora y los capitalistas como vendedores de mercancías a los obreros. Saunas Alicante En las formas I y II, el movimiento de conjunto aparece como movimiento del capital desembolsado. En la forma III, es el capital valorizado, bajo la forma del producto total en mercancías, lo que constituye el punto de partida, y presenta la forma de capital en movimiento, de capital–mercancías. Este movimiento sólo se des­dobla en dos: movimiento de capital y movimiento de rentas, después de transformarse en dinero. La distribución de todo el producto social, al igual que la distribución especial del producto para todo capital individual en mercancías, destinando una parte al fondo individual de consumo y otra al fondo de reproducción, va implícita, en esta forma, en el ciclo del capital. Escorts lujo en Madrid En la agricultura es donde más fácil resulta esta reinversión gradual del fondo de reserva en dinero (es decir, de la parte del capital fijo que vuelve a convertirse en dinero). Un campo de producción de extensión dada es susceptible, aquí, de la mayor absorción progresiva de capital. Y lo mismo acontece allí donde se efectúa una reproducción natural, como en la ganadería. Relax y saunas en Madrid

El ideal ascético ha corrompido no sólo la salud y el gusto, sino también una tercera, y una cuarta, y una quinta, y una sexta cosa ––me guardaré de decir cuántas (¡cuándo acaba­ría!). Lo que aquí pretendo poner de manifiesto no es lo que ese ideal ha realizado, sino, más bien, única y exclusiva­mente lo que significa, lo que deja adivinar, lo que se oculta detrás de él, debajo de él, dentro de él, aquello de lo cual él es la expresión superficial, oscura, sobrecargada de interro­gaciones y de malentendidos. El no escatimar a mis lectores una mirada a lo monstruoso de sus efectos, también de sus efectos funestos, he podido permitírmelo sólo en orden a esta finalidad: a saber, la de prepararlos para el último y más terrible aspecto que posee para mí la pregunta por el significado de aquel ideal. ¿Qué significa justamente el po­der de ese ideal, lo monstruoso de su poder? ¿Por qué se le ha cedido terreno en esa medida? ¿Por qué no se le ha opuesto más bien resistencia? El ideal ascético expresa una voluntad: ¿dónde está la voluntad contraria, en la que se expresaría un ideal contrario? El ideal ascético tiene una meta, –– y ésta es lo suficientemente universal como para que, comparados con ella, todos los demás intereses de la existencia humana parezcan mezquinos y estrechos; épocas, pueblos, hom­bres, interprétalos implacablemente el ideal ascético en di­rección a esa única meta, no permite ninguna otra interpre­tación, ninguna otra meta, rechaza, niega, afirma, corrobo­ra únicamente en el sentido de su interpretación (–– ¿y ha existido alguna vez un sistema de interpretación más pensado hasta el final?); no se somete a ningún poder, sino que cree en su primacía sobre todo otro poder, en su incondicio­nal distancia de rango con respecto a todo otro poder, –– cree que no existe en la tierra ningún poder que no tenga que re­cibir de él un sentido, un derecho a existir, un valor, como instrumento para su obra, como vía y como medio para su meta, para una única meta... ¿Dónde está el antagonista de este compacto sistema de voluntad, meta e interpretación? ¿Por qué falta el antagonista?... ¿Dónde se encuentra la otra «única meta»?... Se me dice que no falta, que no sólo ha lu­chado largo tiempo con éxito contra aquel ideal, sino que incluso, en todos los asuntos principales, se ha enseñoreado ya de él: testimonio de ello sería toda nuestra ciencia moder­na, –– esa ciencia moderna que, por ser una auténtica filoso­fía de la realidad, evidentemente no cree más que en sí mis­ma, evidentemente tiene el coraje de ser ella misma, la vo­luntad de ser ella misma, y hasta ahora se las ha arreglado bastante bien sin Dios, sin el más allá, sin virtudes negado­ras. Ahora bien, ese ruido y esa locuacidad de agitadores no me producen ninguna impresión: esos trompeteros de la realidad son malos músicos, sus voces no ascienden desde lo profundo de un modo suficientemente perceptible, en ellos no habla el abismo de la conciencia científica ––pues un abis­mo es hoy la conciencia científica––, en los hocicos de tales trompeteros el vocablo «ciencia» es sencillamente una im­pudicia, un abuso, una desvergüenza. La verdad es cabal­mente lo contrario de lo que aquí se afirma: la ciencia no tie­ne hoy sencillamente ninguna fe en sí misma, y mucho me­nos un ideal por encima de sí, –– y allí donde aún es pasión, amor, fervor, sufrimiento, no representa lo contrario de aquel ideal ascético, sino más bien la forma más reciente y más noble del mismo. ¿Os suena extraño esto?... Es cierto que también entre los doctos de hoy hay bastante pueblo honrado y modesto de obreros, el cual se complace en su pe­queño rincón, y que, por el hecho de complacerse en él, a ve­ces eleva un poco inmodestamente la voz, diciendo que hoy debemos estar contentos en general, sobre todo en la ciencia, –– pues precisamente en ella hay tantas cosas útiles que hacer. No objeto nada; y lo que menos quisiera yo es estropearles a esos honestos obreros su placer en el oficio: pues yo me alegro de su trabajo. Pero el hecho de que ahora se trabaje con rigor en la ciencia y de que existan trabajadores satisfe­chos no demuestra en modo alguno que la ciencia en su conjunto posea hoy una meta, una voluntad, un ideal, una pasión propia de la gran fe. Como hemos dicho, ocurre lo contrario: allí donde la ciencia no es la más reciente forma de aparición del ideal ascético, –– son casos demasiado raros, nobles y escogidos como para que el juicio general pudiera ser torcido por ellos ––, la ciencia es hoy un escondrijo para toda especie de mal humor, incredulidad, gusano roedor, despectio su¡ [desprecio de si], mala conciencia, –– es el desa­sosiego propio de la ausencia de un ideal, el sufrimiento por la falta del gran amor, la insuficiencia de una sobriedad in­voluntaria. ¡Oh, cuántas cosas no oculta hoy la ciencia! ¡Cuántas debe al menos ocultar! La capacidad de nuestros mejores estudiosos, su irreflexiva laboriosidad, su cerebro en ebullición día y noche, incluso su maestría en el oficio –– ¡con cuánta frecuencia ocurre que el auténtico sentido de todo eso consiste en cegarse a sí mismo los ojos para no ver algo! La ciencia como medio de aturdirse a sí mismo: ¿cono­céis esto?... A veces con una palabra inofensiva herimos a los doctos hasta el tuétano ––todo el que trata con ellos lo ha ex­perimentado––, indisponemos contra nosotros a nuestros amigos doctos en el instante en que pensamos honrarlos, los sacamos de sus casillas meramente porque fuimos demasia­do burdos para adivinar con quién estamos tratando en realidad, con seres que sufren y que no quieren confesarse a sí mismos lo que son, con seres aturdidos e irreflexivos que no temen más que una sola cosa: llegar a cobrar concien­cia... girlsbcn Dentro de la esfera de circulación, el capital recorre n un sentido o en otro las dos fases contrapuestas M – D y D – M. Su tiempo de circulación se divide, por tanto, en dos partes; el tiempo que necesita para convertirse de mercancía en dinero. y el tiempo necesario para convertirse de dinero en mercancía. Sabemos ya por el análisis de la circulación simple de mercancías (libros, cap. III [pp. 71 ss.] que la fase M – D, la de la venta, representa la parte más difícil de su metamorfosis y por tanto, en condiciones normales, la mayor parte del tiempo de circulación. Cuando reviste la forma de dinero, el valor puede invertirse en cualquier momento. En cambio, como mercancía, necesita convertirse previamente en dinero para ser directamente cambiable y estar en condiciones de actuar a cada instante. Sin embargo, el proceso circulatorio del capital en su fase D – M supone precisamente su transformación en mercancías que representen determinados elementos del capital productivo en la base dada de inversión. Puede ocurrir que los medios de producción no se encuentren en el mercado, sino que deban ser producidos previamente, que haya que ir a buscarlos a mercados lejanos, que se presenten lagunas en su abastecimiento normal, cambios de precios, etc.; en una palabra, todo un cúmulo de circunstancias que no se traslucen en la simple fórmula D – M, pero que absorben unas veces más y otras menos tiempo, en esta parte de la fase de circulación. Las fases M – D y D – M se hallan separadas en el tiempo, pudiendo también ocurrir que lo estén en el espacio, que el mercado de compra y el de venta sean mercados geográficamente distintos. En las fábricas, por ejemplo, suele incluso ocurrir que los compradores y los vendedores sean distintas personas. En la producción de mercancías, la circulación es tan necesaria como la misma producción y los agentes de circulación tan necesarios, por consiguiente, como los de producción. El proceso de reproducción engloba ambas funciones del capital; implica también, por tanto, la necesidad de que estas funciones se hallen representadas ya sea por el mismo capitalista o por obreros asalariados, agentes suyos. Pero esto no es razón para confundir los agentes de la circulación con los de la producción, como no lo es tampoco para confundir las funciones del capital mercancías y del capital dinero con las funciones del capital productivo. Los agentes de la circulación tienen que ser pagados por los agentes de la producción. Pero los capitalistas, al comprar y vender entre sí, no crean con este acto productos ni valor; y la cosa no cambia porque el volumen de sus negocios les permita y exija confiar estas funciones a otros. En algunos negocios, los compradores y vendedores se hallan interesados con un tanto por ciento en los beneficios. La frase de que son los consumidores quienes les pagan, no resuelve nada. Los consumidores sólo les pueden pagar en la medida en que, como agentes de la producción, produzcan un equivalente en mercancías o se lo apropien tomándolo de los agentes de la producción, ya sea a base de un título jurídico (como sus asociados, etc.) o en concepto de retribución por sus servicios personales. eclipse sexual

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Continúa diciendo A. Smith: “El nivel más bajo del beneficio ordinario ha de ser por lo menos algo más que suficiente para compensar las pérdidas ocasionales a que se expone cualquier colocación de capital: y es únicamente ese remanente lo que se puede considerar como beneficio neto o puro.” (¿Qué capitalista llama ganancia a los desembolsos necesarios del capital?) “El llamado beneficio bruto no sólo suele comprender ese remanente, sino la parte que se retiene para compensar tales pérdidas extraordinarias” (libro I cap. IX, p. 101). Pero, esto no quiere decir sino que una parte de la plusvalía, considerada como parte de la ganancia bruta, debe destinarse a formar un fondo de seguros para la producción. Este fondo se crea con una parte del trabajo sobrante, que en este sentido produce directamente capital, es decir, el fondo destinado a la reproducción. Por lo que se refiere a los desembolsos para el "sostenimiento" del capital fijo, etc. (véase el pasaje citado más arriba), la reposición del capital fijo consumido por otro nuevo no constituye una nueva inversión de capital, sino que es, simplemente, la renovación del antiguo valor–capital bajo una forma nueva. Y en cuanto a la reparación del capital fijo, que A. Smith incluye también entre los gastos del sostenimiento, forma parte del precio del capital desembolsado. El hecho de que el capitalista, en vez de invertirlo de una vez pueda irlo desembolsando gradualmente y a medida que la necesidad lo exija, durante el funcionamiento del capital y a costa de las ganancias ya conseguidas, no hace cambiar para nada la fuente de esta ganancia. La parte integrante del valor de la que emana, prueba únicamente que el obrero rinde trabajo sobrante para alimentar aquel fondo de seguros y este fondo de reparaciones. http://www.erosbcn.com 4) En los economistas ingleses de estos últimos tiempos, especialmente en los escoceses, que lo enfocan todo desde el punto de vista indeciblemente limitado de un empleado de banco, tales como Mac Leod, Patterson y otros, la distinción entre el capital fijo y el capital circulante se convierte en la distinción entre el money at call y el money not at call (dinero en depósito que puede retirarse sin previo aviso o sólo mediante aviso previo). modelo de compañía 1) Por los depósitos bancarios. Pero la suma de dinero de que los bancos pueden disponer realmente, es una suma relativamente pequeña. Aquí, sólo se acumula capital–dinero nominalmente. Lo que realmente se acumula son créditos de dinero, que son realizables monetariamente (siempre y cuando que lo sean, en efecto), por la sencilla razón de que se produce un equilibrio entre el dinero cuya devolución se reclama y el dinero depositado. La suma que se encuentra como dinero en poder del banco es siempre pequeña. GirlsBCN Tan pronto como la ley impone la reducción de la jornada de trabajo, que crea ante todo la condición subjetiva para la condensación del trabajo, a saber, la capacidad del obrero para desplegar más fuerza dentro de un tiempo dado, la maquina se convierte, en manos del capital, en un medio objetivo y sistemáticamente aplicado para estrujar más trabajo dentro del mismo tiempo. Esto se consigue de un doble modo: aumentando la velocidad de las máquinas y extendiendo el radio de acción de la maquinaria que ha de vigilar el mismo obrero, o sea, el radio de trabajo de éste. El perfeccionamiento en la construcción de la maquinaria, es, en parte, necesario para ejercer una mayor presión sobre el obrero, y en parte un fenómeno que acompaña por sí mismo a la intensificación del trabajo, ya que la limitación de la jornada obliga al capitalista a administrar celosamente los gastos de producción. El perfeccionamiento de la máquina de vapor aumenta el número de golpes de émbolo por minuto y, al mismo tiempo, con un ahorro mayor de fuerza, permite impulsar con el mismo motor un mecanismo más voluminoso, sin aumentar, y aun tal vez disminuyendo, el consumo de carbón. El perfeccionamiento introducido en el mecanismo de trasmisión disminuye el frotamiento y reduce a un mínimo cada vez menor el diámetro y el peso de las bielas grandes y pequeñas, que es lo que distingue tan visiblemente la maquinaria moderna de la antigua. Finalmente, las mejoras introducidas en la maquinaria de trabajo disminuyen su volumen, a la par que aumentan su velocidad y extienden su radio de acción, como ocurre con el telar a vapor moderno; o bien aumentan, con su tronco, el volumen y el número de las herramientas movidas por la máquina, como acontece con la máquina de hilar, o la movilidad de estas herramientas, mediante modificaciones invisibles de detalle; así por ejemplo, hacia el año 1855 la selfacting mule hizo que aumentase en 1/5 la velocidad con que funcionaban los husos. www.girlsbcn.tv Sí nos fijamos en el capital global de la sociedad, vemos que la dinámica de su acumulación provoca unas veces cambios periódicos, mientras que otras veces sus elementos se reparten simultáneamente entre las diversas órbitas de producción. En algunas de éstas, cambia la composición del capital sin que crezca su magnitud absoluta, por efecto de la simple concentración; en otras, el aumento absoluto de capital va unido a la disminución absoluta del capital variable o de la fuerza de trabajo absorbida por él; en otras, el capital crece sobre su base técnica actual, asimilándose fuerza obrera sobrante en proporción a su crecimiento, o bien se opera en él un cambio orgánico que hace que el capital variable se reduzca. El crecimiento del capital variable, y, por tanto, el de la cifra de obreros en activo, va unido en todas las esferas de producción a violentas fluctuaciones y a la formación transitoria de una población sobrante, ya revista ésta la forma ostensible de repulsión de obreros que trabajan o la forma menos patente, pero no por ello menos eficaz, que consiste en hacer más difícil la observación de la población obrera sobrante por los canales de desagüe acostumbrados.13 Con la magnitud del capital social ya en funciones y el grado de su crecimiento, con la extensión de la escala de producción y la masa de los obreros en activo, con el desarrollo de la fuerza productiva de su trabajo, con el flujo mayor y más pletórico de todos los manantiales de riqueza, aumenta también la escala en que la mayor atracción de obreros por el capital va unida a una mayor repulsión de los mismos, aumenta la celeridad de los cambios operados en la composición orgánica del capital y de su forma técnica y se agranda el cerco de las órbitas de producción afectadas simultánea o sucesivamente por estos cambios. Por tanto, al producir la acumulación del capital, la población obrera produce también, en proporciones cada vez mayores, los medios para su propio exceso relativo.14 Es ésta una ley de población peculiar del régimen de producción capitalista, pues en realidad todo régimen histórico concreto de producción tiene sus leyes de población propias, leyes que rigen de un modo históricamente concreto. Leyes abstractas de población sólo existen para los animales y las plantas mientras el hombre no interviene históricamente en estos reinos. acompañantes madrid Pero la analogía no pasa de ahí. En la expresión del peso del pilón de azúcar, el hierro representa una propiedad natural común a ambos cuerpos: su gravedad; en cambio, en la expresión del valor del lienzo, la levita asume una propiedad sobrenatural de ambos objetos, algo puramente social: su valor. masajistas barcelona Las formas autónomas, formas–dinero, que el valor de las mercancías asume en la circulación simple, limítanse a servir de mediadoras del intercambio de mercancías, para desaparecer en el resultado final del proceso. En cambio, en la circulación D – M –D, ambas formas, la mercancía y el dinero, funcionan como simples modalidades distintas de existencia del propio valor: el dinero como su modalidad general; la mercancía como su modalidad especifica o transfigurada, por decirlo así.12 El valor pasa constantemente de una forma a otra, sin perderse en estos tránsitos y convirtiéndose así en sujeto automático. Si plasmamos las formas o manifestaciones específicas que el valor que se valoriza reviste sucesivamente a lo largo del ciclo de su vida, llegaremos a las siguientes definiciones: capital es dinero; capital es mercancía.13 En realidad, el valor se erige aquí en sujeto de un proceso en el que, bajo el cambio constante de las formas de dinero y mercancía, su magnitud varia automáticamente, desprendiéndose como plusvalía de sí mismo como valor originario, o lo que tanto vale, valorizándose a sí mismo. En efecto; el proceso en que engendra plusvalía es su propio proceso, y, por lo tanto, su valorización la valorización de sí mismo. Ha obtenido la virtud oculta y misteriosa de engendrar valor por el hecho de ser valor. Lanza al mundo crías vivientes, o al menos pone huevos de oro.

La legislación comenzó a salirse de su primitiva órbita mediante el Printwork's Act (ley sobre los talleres de estampado de telas, etc.) de 1845. En cada línea de esta ley transpira la mala gana con que el capital se avenía a esta nueva "extravagancia". La ley limita a 16 horas entre las 6 de la mañana y las 10 de la noche, la jornada de trabajo de los niños de 8 a 13 años y de las mujeres, sin conceder el menor descanso legal para las comidas. Tratándose de obreros varones mayores de 13 años, les está permitido trabajar día y noche sin limitación.148 Esta ley es un aborto parlamentario.149 contactos marbella 106 En las fábricas que llevan más tiempo sometidas a la ley fabril, con su limitación coactiva de la jornada y sus diversas regulaciones, han ido desapareciendo algunos de los abusos anteriores. Además, las mejoras que se van introduciendo en la maquinaria imponen hasta cierto punto una "mejor construcción de los edificios fabriles", que redunda indirectamente en beneficio de los obreros. (Cfr. Reports etc. for 31 st Oct., 1863, p. 109.) escorts alto standing Este carácter antagónico de la acumulación capitalista24 ha sido puesto de relieve por los economistas bajo diversas formas, si bien, a veces, mezclando y confundiendo con éstos otros fenómenos de sistemas precapitalistas de producción, que, aunque análogos, son, sin embargo, sustancialmente distintos. promocion web El valor de este producto envuelve, en primer término, el valor de los medios de producción por él absorbidos. El trabajo útil no puede absorber estos medios de producción sin transferir su valor al nuevo producto; pero para poder venderse, la fuerza de trabajo ha de ser capaz de suministrar trabajo útil, dentro de la rama industrial a que se la aplique. imprentas barcelona El lector conoce ya los resultados generales a que llegó en 1863 la Comisión médica encargada de investigar el estado de nutrición de las clases del pueblo mal alimentadas. Y recordará que la cantidad de alimentos de un gran número de familias de obreros agrícolas es inferior al nivel mínimo necesario “para prevenir las enfermedades nacidas del hambre”. Es lo que ocurre, principalmente, en todos los distritos puramente agrícolas de Cornwall, Devon, Somerset, Wilts, Stafford, Oxford, Berks y Herts. “El alimento que ingiere personamente el obrero del campo –dice el Dr. Simon– es superior a lo que indica el tipo medio, pues a él se le da, por ser indispensable para su trabajo, una ración mayor que a los demás miembros de su familia; en los distritos pobres, casi toda la carne o el tocino se lo come él. La cantidad de alimento que corresponde a la mujer, y lo mismo a los niños en la época de su rápido desarrollo, es, en muchos casos y en casi todos los condados, insuficiente, sobre todo por lo que se refiere a las sustancias “nitrogenadas”.96 Los mozos y criadas que viven en la misma casa del patrón reciben comida abundante. La cifra de éstos, que en 1851 era de 288,277, desciende, en 1861, a 204,962. “La participación de las mujeres en las labores del campo –dice el Dr. Smith–, por muchos que sean sus inconvenientes, encierra, en las actuales circunstancias, grandes ventajas para la familia, pues le suministra los recursos indispensables para vestir y calzar y pagar la renta de la casa, permitiéndole de este modo comer mejor.”97 Uno de los resultados más notables de esta investigación fue demostrar que en Inglaterra el jornalero del campo está considerablemente peor alimentado que en las demás partes del Reíno Unido (“is considerably the worst fed”), como lo demuestra el siguiente cuadro: bares de copas en madrid Como hemos visto, las fuerzas productivas que brotan de la cooperación y de la división del trabajo no le cuestan nada al capital. Son fuerzas naturales del trabajo social. Tampoco cuestan nada las fuerzas naturales de que se apropia para los procesos productivos: el vapor, el agua, etc. Pero, así como necesita un pulmón para respirar, el hombre, para poder consumir productivamente las fuerzas de la naturaleza, necesita también algún artefacto "hecho por su mano". Para utilizar la fuerza motriz del agua se necesita una rueda hidráulica, para emplear la elasticidad del vapor una máquina de vapor, etc. Y lo mismo que con las fuerzas naturales, acontece con la ciencia. Una vez descubierta, la ley sobre las desviaciones de la aguja magnética dentro del radio de acción de una corriente eléctrica o la de la producción del fenómeno del magnetismo en el hierro circundado de una corriente de electricidad, no cuesta un céntimo.23 Pero, para explotar estas leyes al servicio de la telegrafía, etc., hace falta un aparato complicado y costosísimo. La máquina no desplaza, como veíamos, a la herramienta. Esta, creciendo y multiplicándose, se convierte de instrumento diminuto del organismo humano en instrumento de un mecanismo creado por el hombre. En vez de hacer trabajar al obrero con su herramienta, el capital le hace trabajar ahora con una máquina que maneja ella misma su instrumental. Por tanto, a primera vista es evidente que la gran industria, incorporando al proceso de producción las enormes fuerzas de la naturaleza y las ciencias naturales, tiene que reforzar extraordinariamente la productividad del trabajo, lo que ya no es tan evidente, ni mucho menos, es que esta fuerza productiva reforzada se logre a costa de una intensificación redoblada de trabajo por la otra parte. La maquinaria, como todo lo que forma parte del capital constante, no crea valor, se limita a transferir el valor que ella encierra al producto que contribuye a fabricar. En la medida en que representan un valor propio y en que, por tanto. lo transfieren al producto, las máquinas forman parte integrante del valor del mismo. Lejos de abaratarlo, lo que hacen es encarecerlo en proporción a su propio valor. Y es indiscutible que, comparadas con los instrumentos de trabajo de la industria manufacturera y manual, la máquina y la maquinaria sistemáticamente desarrollada, instrumento de trabajo característico de la gran industria, aumentan de valor en proporciones extraordinarias. www.nightspain.com 97 bis Ejemplo: los diversos aparatos mecánicos introducidos en las fábricas de algodón desde la ley de 1844, para suplir el trabajo infantil. Tan pronto como los hijos de los propios señores patronos tengan que "cursar" también como peones de la fábrica, este campo casi inexplorado de la mecánica cobrará un auge maravilloso. "Las selfating mules son tal vez unas máquinas tan peligrosas como otras cualesquiera. La mayoría de los accidentes ocurren a los niños pequeños, al agazaparse debajo de la máquina para barrer el suelo mientras aquélla funciona. Varios "minders" (obreros que trabajan en la mule) fueron denunciados ante los tribunales (por los inspectores de fábricas) y condenados a multas por estas transgresiones, pero sin provecho alguno general. Si los constructores de máquinas pudiesen inventar un barredor automático, para que estos niños pequeños no tuviesen que arrastrarse debajo de las máquinas para barrer, contribuirían considerablemente a reforzar nuestras medidas de protección". (Reports of Insp. of Factories for 31 st October 1876, p. 63.) pisobcn.com 49 H. Fawcett, profesor de Economía política en Cambridge, The Economic Position of the British Labourer, Londres, 1865, p. 120.

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